8. Infectología

Coordinador y autor: Dr. Ricardo Figueroa Damián


GENERALIDADES

La enfermedad infecciosa representa uno de los efectos de interacción del individuo y su medio ambiente, en el que se ponen en juego una serie de factores de agresión y defensa. En esta interrelación el punto de equilibrio se da como una respuesta de adaptación del individuo y cuando se inclinan los factores en favor de la agresión aparece el proceso infeccioso.

El individuo se mantiene en constante contacto con los microbios presentes en el medio ambiente. Este contacto se da en cualquiera de las estructuras corporales, desde las más expuestas como la piel, las faneras y las mucosas, como en aquellas estructuras internas que sufren el ataque de los microorganismos cuando éstos logran rebasar los mecanismos de defensa y protección corporal externos.

En una relación microbiótica como la que mantienen los seres vivos, las características de la competencia inmunológica y la conformación de las condiciones genéticas del huésped marcan la evolución de esta relación y las condiciones de su desarrollo. De igual manera el microorganismo presenta sus propias características de competencia y las propias de su estructura genética que le confieren las armas con las que mantiene vigente su cometido, la supervivencia.

Un claro ejemplo lo presenta la replicación in situ de una bacteria a su ingreso en el individuo, con la consecuente colonización (crecimiento y desarrollo), continúa con la invasión de las estructuras orgánicas adyacentes y si las condiciones de defensa del huésped se lo permiten, avanza hacia la diseminación a nivel sistémico, para final­ mente definir su permanencia o eliminación de los tejidos del huésped dependiendo de las condiciones del sistema inmunológico del hospedero.

La variedad en la que pueden presentarse las posibles combinaciones se ve incrementada por los factores socioeconómicos y sanitarios a los cuales responde el carácter comunitario de estos problemas de salud que trascienden del nivel individual al ámbito de la salud pública.

Así pues, el estudio de la enfermedad infecciosa presenta múltiples posibilidades para su descripción y las orientaciones que se pueden dar para su estudio son variadas. En este libro en particular presentamos una compilación que pretende, en una revisión rápida, poner al alcance del médico general los procedimientos de diagnóstico y tratamiento de las enfermedades infecciosas más comunes en nuestro medio, en forma sencilla y a través de una lectura pronta y ágil.

Los episodios infecciosos son los eventos más frecuentes de la consulta del médico general. Los reportes epidemiológicos nos indican que en un individuo ocurren aproximadamente seis cuadros infecciosos de las vías respiratorias por año y, en los países que presentan condiciones precarias en el área de la salud, el número de episodios diarreicos es similar.

A fin de poder valorar cada uno de los procesos que, en espacios de tiempo definido y en cuadros comunes, presenta la expresión resultante de la relación hombre-microbio­ambiente, debemos analizar el proceso morboso desde varios puntos de vista:

La capacidad de los agentes patógenos de expresarse en cuadros clínicos diferentes y el que una misma expresión patológica pueda ser producida por diversos agentes etiológicos es quizá uno de los retos médicos que más variables de diagnóstico presenta. Así, entidades tan comunes como las provocadas por el virus sincicial respiratorio puede producir rinitis, faringoamigdalitis, laringitis, bronquitis, bronquiolitis o neumonías, a su vez cada una de estas entidades clínicas puede originarse por la acción patógena de rinovirus, virus de la influenza y parainfluenza, por mencionar algunos.

Otra de las características del cuadro clínico infeccioso corresponde a su múltiple etiología; casi siempre la percepción del médico se orienta a la posibilidad de ataque de un solo agente agresor y en este sentido dirigimos el tratamiento; sin embargo, con frecuencia nos enfrentamos a combinaciones que no se definen en una presentación clínica única y su variedad depende en mucho de la combinación de los agentes agresores; un ejemplo típico lo representan los anaerobios en los que la participación simultánea o secuencial de varias bacterias es obligada, como en los ataques por anaerobios al aparato digestivo y de las vías respiratorias donde se combinan a menudo bacterias, hongos, parásitos y virus.

Con frecuencia podremos reconocer grandes diferencias en la capacidad de agresión aun en el mismo germen. Esta variación se da tanto en la cantidad del inóculo como en la severidad con la que manifiestan su virulencia, por ejemplo: existen cepas microbianas de virulencia muy disímbola y la magnitud del inóculo que puede ir desde el umbral patogénico hasta excesos que desborden la capacidad de manejo en el individuo, entendiendo esta última como el manejo intrínseco que ponemos en juego para lograr una defensa exitosa ante el agresor, que alcanza a rebasar el manejo clínico hasta llegar a una septicemia e incluso reflejarse con un patrón epidemiológico altamente agresivo como sucede en las grandes epidemias.

Existen factores que dependen del hospedante y que alteran la expresión clínica del proceso infeccioso; por ejemplo, los factores genéticos, la propia competencia inmunológica, la edad, el sexo, el grupo étnico, la raza, modifican el carácter o curso de la agresión microbiana y en algunos casos es posible incluso definir un patrón de comportamiento.

Las características ambientales como las condiciones climáticas y el hacinamiento habitacional: la frecuencia de ataques repetidos tanto en el individuo como en la familia, en su trabajo o en la comunidad, son factores que determinan la aparición de un episodio infeccioso, y las más de las veces es en ellos en los que se modula la severidad con la que se presenta el cuadro clínico; ejemplos típicos los encontramos en la tuberculosis pulmonar y en la fiebre reumática.